domingo, 7 de abril de 2013

Un pequeño kit-kat en la vida de Angelina.

Desde hacía unas semanas Angelina sentía como sus senos estaban tensos, todas sus camisetas la quedaban muy ajustadas. No es que no le gustase, pero es que últimamente casi todas las miradas  convergían a unos veinte centímetros por debajo de sus ojos, que por cierto, eran preciosos. Nunca esto la había puesto nerviosa pero ahora, era tan generalizado este tipo de reacción, que  había llegado a hacerse demasiado evidente en su vida diaria.
Cuando entraba en la oficina, percibía como el sexo contrario seguía sus movimientos hasta tomar asiento en su puesto. A veces ese paseo a través de los archivadores y mesas se hacía demasiado intenso a cada paso que daba. Y es que, incluso Javier, el director, la había mirado de soslayo esperando no ser observado, en un momento, en que me encontraba ensimismada en algún tema que absorbía mi atención. El tenía fama de ser extremadamente frío al trato y marcaba con claridad las distancias con aquellos que no formábamos parte de la cúpula de poder.
Angelina también suscitaba las miradas de algunas de sus compañeras que con envidia observaban su figura, sus senos generosos, caderas redondeadas, poseía  una cintura  bien marcada. En su rostro su mirada resuelta de verde viloáceo dejaba perplejo  a más de un personaje tanto masculino como femenino. Su cuerpo contenía un espíritu interesado en llevar una vida plena, ejerciendo diversas actividades y disciplinas intentando expresarse tal cual deseaba ser.´
Así que allí estaba de nuevo ella pensando porqué se sentía tan sumamente mujer, con su pecho a punto de estallar bajo la camisa que se había puesto aquella mañana. Se fue al trabajo donde se encontró con las diferentes miradas unas de deseo y otras de envidia.
Recordó una vez sentada en su puesto que debía recoger unos análisis que la hacian anualmente en la empresa. Se dirigió al despacho del médico laboral. Realmente,se consideraba una persona muy saludable. Corría cada mañana, iba a pilates, se cuidaba durmiendo  ocho horas  y su dieta era ideal, por lo cual no albergaba ningunda duda de que no habría nada extraño en aquellas tablas,  que aparecían en sus informes médicos.
Llegó al despacho y se sentó en la silla que tan amablemente Roberto la tendió. Se fijó en que él la miraba curioso. Ella le preguntó si había algo equivocado en sus análisis y empezó a explicar que había comenzado a ser vegana que quizás aquello había hecho que algo hubiera afectado a los indicadores. Pero él cortó su discurso diciendo: "Enhorabuena, estás embarazada". Aquellas palabras la dejaron helada. En aquel momento todo se paralizó, ella misma se había sumido en una quietud insondable. Escuchaba lejana la voz de Roberto hablando del ácido fólico y de una serie de recomendaciones médicas que en aquel instante no entendía. De sus ojos fluían abundantes lágrimas. Ahora ya comprendía la causa de la tensión en sus senos. Escuchaba al médico diciendo que lo sucedido no era causa de tristeza y me pasó la caja de los kleenex. Mientras me sonaba sonoramente, por mi mente pasaron rápidos flases de las dos últimas relaciones de fin de semana que había tenido con Juan, que si bien era muy majo y parecía comprensivo, en absoluto habíamos comenzado algo que pudiera llamarse 'relación'. ¿Me encontraría sola? ¿se lo contaría? Para nada estaba en sus planes quedarse embarazada y menos de aquel modo. Después de recuperarse y tras varios ´"no es para tanto mujer",  Angelina volvió a su puesto. Aquella noticia había cambiado poderosamente la visión de aquella mañana de Octubre.

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